Hola chicuelas y chicuelos, el gran Gilipollas Oriental llega a su fin. Con esta última entrada, acaba la primera colaboración externa en el universo del Gilipollas Mundano.

Deciros que el GPM pese a su alargado silencio, se encuentra bien, come todos los días, y se pone una rebequita por las mañanas, que ya va refrescando. Y lo que es peor, amenaza con una nueva entrada californiana que ya le va rondando por la cabeza. Ahora solo falta que se aburra y un poco, y le dé por darle a la tecla.

Bueno, a lo que iba que me voy por los cerros de Bakersfield, a continuación y con todos vosotros, la gloriosa despedida y cierre del Gilipollas Oriental. Que aproveche…

Economía

La economía está basada en la agricultura: por una parte está la recogida y comercialización de los productos del campo. Por otra, están los talleres de reparación de maquinaria agrícola, de motocicletas y bicicletas. En la carretera también se ven numerosos camiones cargados con productos de siderurgia pesada. Vamos, que aquí hay dinero.

Sorprende también la relativa poca cantidad de mendigos que hay por las calles. Y es que aquí (como ya observé en Madagascar), la solidaridad ni está ni se la espera. Todo, absolutamente todo el mundo tiene alguna manera de ganarse un cuenco de arroz o una panocha con el que pasar el día. Y si no lo tienes, el amigo Darwin aparece de manera implacable para explicarte de qué va esto de la vida y la muerte.

Educación

El sistema educativo es bueno. Al menos, se ven numerosos autobuses escolares que recogen a los niños de buena mañana (sí, ahora en agosto) y los dejan por la tarde. Los nanos van uniformados. Sorprende ver unos trajes muy limpios sobre unas chanclas tan sucias, (eso cuando llevan chanclas, que a veces ni eso, recordemos que no es porque sean pobres, es porque no les da la gana ponérselas, porque prefieren sentir el limo entre los dedos de los pies).

Hombres y mujeres

En cuanto a los hombres, podríamos dividirlos en dos grupos: los pasotas y los flipaos.

El semblante de los hombres hindúes es de un pasotismo total. Tienen cara de “y a mí qué me cuentas”. Si hace calor, se quedan a la fresca; si llueve, la dejan caer; si tienen trabajo, hacen como que trabajan; si no, algún familiar proveerá un cuenco de arroz con pebreras. En los pueblos el día pasa tranquilamente, con cientos de hombres apostados en la calle principal, viendo coches pasar, sentados, de pie o caminando hacia algún lugar, para, una vez llegados allí, seguir sin hacer nada.

Ahora entiendo que la independencia del pueblo Indio fue llevada a cabo por Gandhi sin violencia, es decir, con tranquilidad, parsimonia, lentitud…, vamos, sin hacer nada. Si Gandhi les hubiera dicho “¡¡Hermanos, cojamos nuestras horcas y echemos al inglés opresor!!” aún seguirían siendo colonia, poca sangre que tienen.

Por otra parte están los flipaos. Tíos que van con su moto de 125 cc a todas partes, sólo por lucirla, con sus gafas de sol, su barba de 3 días, emulando a su actor de Bollywood preferido, vamos, la tontuna personificada.

Las mujeres, sin embargo, tienen una cara muy distinta. Los ceños más fruncidos, la cara más seria, con una mezcla de rabia, cansancio y odio. Cara de puteada, de estreñida. La misma cara que se me quedó a mí a la llegada a este sitio, pero de manera constante.

Si bien los hombres van vestido casi todos con ropajes occidentales (alguno va con turbantes y con faldas), el traje oficial de la mujer es, o bien la chilaba + pañuelo-antifaz, o bien el sari. Resulta sorprendente que el diseño del sari, que debería ensalzar la feminidad de la mujer (una mujer vestida únicamente con una sábana alrededor del cuerpo y un top deportivo debería resultar de lo más sensual), está pensado para despojarla de toda curva posible, para no hacer que se levanten pasiones.

Al respecto quiero decir que aquí no hay policía moral. Las mujeres se tapan la cara porque les da la gana, por tradición, por cultura o por orgullo a pertenecer a un grupo social. Aquí no hay heteropatriarcado opresor, o religión que cuente. Para ilustrar lo que digo propongo una conversación ficticia que una mora puede estar teniendo tener con una hindú en estos mismos momentos:

Mora: “Oye, Pepi, mi cuñada ha hecho un viaje a Europa y ha venido espeluznada, ¿sabes por qué?”

Hindú: “Cuenta, cuenta”.

M: “Me ha contado que los hombres europeos son unos salvajes, que obligan a sus mujeres a llevar sujetadores durante todo el día, hasta dejar marcas en la piel. También obligan a las mujeres a arrancarse los pelos de las piernas”.

H: “¡Qué salvajes que son los cristianos. Empezaron torturando a su propio dios y todavía no han parado! Pero ¿por qué se dejan hacer eso las mujeres?”

M: “Es que no tienen otra. Si no lo hacen, los hombres se divorcian de ellas”.

H: “¿Divorcio? ¿qué es eso?”

M: “Es como cuando te repudian. Se están divorciando continuamente, en cuanto una mujer deja de ser guapa, la dejan tirada”

H: “¡Pobrecitas! Qué suerte tenemos nosotras, con nuestros velos nadie se fija en nosotras. Además, cuando nuestros maridos nos compran, lo hacen para toda la vida. ¿Pero qué hacen entonces las mujeres repudiadas?

M: “Tienen que ponerse a trabajar”

H: “¡Trabajar, qué horror! ¡Por Shiva! Afortunadamente a nosotras no nos pasará eso. No veas lo monísimas que estamos alimentándonos con un cuenco de arroz al día, ni un gramo de grasa tenemos.”

M: “Pues sí. Y precisamente el problema viene de la alimentación. ¿Sabes qué comen los europeos? ¡Cerdo!”

H: “Puaj, ¿ese animal tan guarro lleno de garrapatas que se come lo que encuentra en el estiércol, en la basura? ¿Se comen la carne del cerdo?”

M: “No, peor. Degüellan a los cerdos y…”

H: “¡Se beben la sangre!”

M: “Peor aún. Desvientran al animal, meten la sangre en las tripas y se comen las tripas con la sangre coagulada”

H: “Qué bárbaros, qué incivilizados”

¿Se me entiende, verdad? Es fácil ver las barbaridades de los demás, pero nuestros propios yugos nos resultan invisibles a la vista y sorprendentemente ligeros. Algo bueno de haber viajado a la India es que entiendes mejor a ciertas culturas, las comprendes… y tienes más razones para quererlas lo más lejos de la puerta de tu casa.

Pero lo que más llama la atención es la segregación que existe entre sexos. Los hombres se relacionan únicamente con otros hombres. Las mujeres, con mujeres. Los dos grupos no se dirigen la palabra, como si de una especie distinta se tratase, como las vacas y los burros, como si no hubiese nada que decir a ese otro ser tan extraño con brazos y piernas. Las únicas relaciones hombre – mujer se realizan en el seno de las familias, entre marido y mujer, o entre hermanos. Es frecuente que los hombres realicen la compra, para controlar las finanzas, y porque los puestos comerciales suelen estar regentados por hombres.

Resulta especialmente llamativo cómo en sitios públicos, como paradas de autobús o mercados, los hombres se agrupen entre sí, así como las mujeres. A la entrada de los colegios e institutos, los adolescentes van por un lado, y ellas por otro. No hay el más mínimo gesto de acercamiento, de coqueteo, de intento de ligue. El hombre es un ser bruto que antes o después tendrás que cuidar, pero que te mantiene. La mujer es ese ser extraño que antes o después tendrás que mantener, pero que cuidará de tus hijos. Muy triste la vida del Hindú.

La consecuencia de tan gran separación de sexos es que los hombres se relacionan casi exclusivamente con los hombres, y las mujeres con las mujeres, y como el roce hace el cariño, y van tan apretaditos en las motos, pues pasan cosas muy raras. Aquí, entre la amistad y el puro mariconeo hay una franja gris muy amplia, donde los hindús se sienten muy cómodos. Podríamos llamar a esta actitud “para qué voy a estar con una mujer, con lo a gusto que estoy con mi amiguito”.

Al principio no te das ni cuenta. Luego te cuentan cosas. Que si a uno le tocaron el culo en un ascensor lleno de hombres, que si los chóferes están enamorados de cada uno de los europeos que llevan al trabajo, … “Eso son habladurías de obra, batallitas de la mili más falsas que Judas”, piensas.

Después empiezas a estar alerta y ves sutiles comportamientos: que si cuando un hombre llama a otro para decirle algo en privado no le coge del hombro, sino de la mano, y se lo lleva detrás de un seto; que si el vigilante de la obra se pinta las uñas de color de rosa, que los tíos se hacen selfies delante de sus motos en poses vergonzosas; que las paredes de hormigón de los aeros aparecen llenas de pintadas con corazones de tiza, que cuando les enseñas un video porno de esos que nos enviamos los tíos por guasa (1) salen huyendo, gritando “¡¡¡¡¡AAAAAHHHHGG, UNA VAGINA, QUÉ ASCO!!!!!”… en esos momentos tu sentido arácnido se activa y comienzas a sentir una perturbación en la Fuerza.

(Nota 1: A excepción, por supuesto, de los compañeros y maridos de las lectoras de este relato. Tranquilas, que vuestros hombres son los únicos españoles que no consumen porno).

Que sí, que las llevaba pintadas de rosa.

Hasta el día en que confirmas por ti mismo que estos son más maricones que el Titi. Tengo pruebas de ello. Transcribo literalmente el mensaje que me envió el encargado de producción de obra civil, el hindú con el que tenía más relación, un domingo a las 8 de la mañana, por el guasa:

¿A qué santo me envía esto un tío con el que dos de cada tres veces que hablo con él es para echarle la bronca? En cuanto leí el mensaje todos los esfínteres de mi cuerpo se pretensaron automáticamente hasta su límite elástico, en un movimiento espontáneo de supervivencia.

La culpa, en el fondo, era mía: mi exótico acento de un país lejano, mis pies inmaculados, libres de toda corrupción, mi piel de porcelana, mis ojos de color verdemar… La tentación fue demasiado para él y tuvo que soltar sus sentimientos. Afortunadamente, la no contestación al mensaje, el frío “good morning” con que le saludé el lunes siguiente, y el andar a partir de entonces con la espalda pegada a la pared más próxima, fueron suficientes como para hacerle entender que a mi m’agraden més les clòtxines que els caragols, les figues que les faves.

Resumiendo, sólo encuentro tres motivos para que la gente quiera voluntariamente llegar hasta aquí:

1.- Que Mariloli quiera dar envidia a Maripili en clase de Pilates o de Yoga, contando que acaba de hacer un viaje a la India y ha aprovechado para limpiarse el aura, conectarse los chacras y reencontrarse con lo trascendente en un viaje astral de purificación; y Maripili diga “pues yo no voy a ser menos, pa’ la India que me voy”. Lo que Mariloli no cuenta es que ha estado en un resort en Goa, que no ha salido de allí, y que como se le ocurra pisar la India de verdad se le cae el aura al suelo, y se le quedan los chacras tan guarros que ni con sosa los recupera.

2.- Que te guste hacer turismo oenegeta, acallar conciencias y hacer como que ayudas a los demás cuando lo que quieres es pegarte un viaje exótico y presumir de fotos, como a los cuatro cooperantes que la palmaron hace poco cerca de aquí en un accidente de tráfico de autobús contra camión. Esta gente no necesita dinero. Dinero aquí hay. Lo que necesita es un par de pescozones de esos de abuela para que recojan toda la mierda que andan tirando, y un sistema de alcantarillado eficaz.

3.- Que te guste aplicarte el refrán aquél de “A quien le gusta el pescado y la carne, nunca pasa hambre”. Ya me entendéis, ¿no?

En cualquiera de los casos si queréis venir, ale, ya estáis tardando. Yo ya os he avisado.

Despedida y cierre

En muchos momentos mi estancia aquí la he comparado con aquélla semana que pasé en Madagascar, en un poblado malgache conviviendo con negros y chinos. Los chinos, que tan guarros me parecieron entonces, son ejemplo de buenas maneras comparados con los indios. Los malgaches, si bien eran un pueblo mucho más pobre (nada de mecanización de la agricultura, ni escuelas, ni sanidad), se les veía en la cara un rasgo de felicidad, de tranquilidad que no tienen estos. Tampoco tenían agua corriente o sistema sanitario, pero se lavaban en el río, y jamás vi a ninguno cagando cerca del pueblo. Las mujeres el día del mercado se arreglaban y se ponían vestidos bonitos. Nada de esto es siquiera pensable en un sitio como el que he estado.

Nos vemos pronto en casa.

P.D.: Esta frase de Blade Runner siempre me ha encantado, y pega como anillo al dedo como despedida final:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Mierda acumulada hasta más allá de Orión. He visto gente cagando cerca de las puertas de Tannhäuser. He comido cosas que harían vomitar a una cabra.

Todos esos momentos me atormentarán, como esputos en la lluvia.

Es hora de volver”.

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Nota del Gilipollas por el Mundo Original. Con esta y la siguiente  entrada, damos por terminada la colaboración del Gilipollas Oriental. Menos mal que volvió pronto a casa, que de haber prolongado más su estancia (cosa que el GPM conoce y bien), una de dos, o muere o acaba durmiendo sobre una tabla con púas y amaestrando cobras con una flauta.

Originalmente las dos entradas siguientes son parte de un mismo artículo, pero debido a su extensión, la he dividido en dos, no sea que os canséis de leer y mandéis a los Gilipollas varios a cierto sitio malsonante. Quizá por allí ya he estado.

Bueno, sin más dilación os dejo con el Gran Gilipollas Oriental.

Esta es la última entrada de mi diario de experiencias en la India. La he dejado para el final porque sabía que mi visión de este sitio iba a cambiar a lo largo de los días. Lo que al principio te llama la atención, te sorprende y te horroriza, al cabo de unas pocas semanas te parece lo más normal. Quería hacer una recopilación de todas las cosas que me han ido pasando, para tenerlo todo en perspectiva y ser capaz de valorarlas en su justa medida.

Se trata del relato más personal, de mi visión propia de esta cultura. Probablemente levantaré ciertas ampollas dado que mi discurso no suele ser políticamente correcto. Pero, bueno, los que ya me conocéis sabéis que tengo la mala costumbre de decir lo que pienso.

Por supuesto que intentar hacer una descripción de la totalidad de la cultura hindú en base a un mes y pico de vivencia en la India, es sumamente pretencioso. Solventaré este hecho aclarando que, de aquí en adelante, cada vez que me refiera a “los hindús” (también conocidos como “los jodíos indios”) me estoy haciendo referencia únicamente a lo visto en la ciudad de residencia, los pueblos atravesados y los obreros e ingenieros con los que he tenido relación en la obra.

Aclarar también que todo lo escrito no son más que impresiones y generalidades. Cuando digo que los hindúes son pequeños, no quita para que no haya tipos grandes como armarios. Cuando digo que las mujeres tienen cara de estreñidas, no quita para que no haya jovenzuelas boniquetas. Cuando digo que los indios son unos holgazanes, adanes y puercos significa que…, pues eso, que también… o sea, que… vamos, que todos los indios son unos holgazanes, adanes y puercos.

Contaré mis primeras impresiones, así como los pensamientos que te surgen cuando llevas más de un mes conviviendo con esta gente, porque todos ellos son válidos. Al principio indigna ver gente cagando en las aceras. Al cabo de un tiempo, cansado, dejas de mirar a los lados de la carretera, y sólo ves bultos, sombras dispersas aleatoriamente que van y vienen de despedir a amigos. Al principio te asusta ver a tanta mora vestida de ninja, e intentas contar cuántas bombas llevan escondidas en el refajo. Después ves a señoras que sencillamente van a hacer la compra. Al principio ves a niños corriendo descalzos entre la mierda de cerdo y piensas “qué pobres son”. Pasado un tiempo ves que tienen las chanclas al lado de la puerta y que no se las ponen porque no les da la gana.

La India es todo eso.

La ciudad

Bijapur es la ciudad decente más cercana a la obra, y donde tienen la base de operaciones todos los trabajadores. Como aquí los idiomas son un follón, también se escribe Vijapura o Vijayapura. Otro tanto similar ocurre con la ciudad con aeropuerto más cercana: Belgaum y Belagavi son lo mismo, pero maldita la gracia que te hace cuando tienes que coger un avión que te lleve a ese sitio, y rezas por aterrizar en el lugar adecuado y no en una ciudad de nombre similar situada a miles de kilómetros de distancia.

Recuerdo muy bien la primera vez que entré en Bijapur. Era de noche, y la ciudad apareció de repente, en mitad de la oscuridad. Lo que se me vino a la mente fueron cosas como estas:

“¿Pero de dónde coño ha salido tanto indio de repente? ¿Por qué están todos en la calle? ¿Serán fallas?”

“En la biblia se habla de Sodoma y Gomorra, pero los jodíos se callan lo de este sitio”

“Maldigo a todo aquél que ha hecho que mi destino me lleve a este lugar. A ellos y a sus descendientes por diez generaciones. Dolor, veo mucho dolor en su futuro”

“Voy a morir aquí”

Y, sobre todo, la mítica frase de Yoda, adaptada a las circunstancias, que me inspiró para cambiar mi imagen del Skype y del guasa, porque reflejaba perfectamente mi semblante durante la primera semana:

“La mierda lleva al odio. El odio lleva a la ira. La ira lleva al reverso tenebroso de la Fuerza. Hay mucha mierda aquí”.

Esta primera impresión ha marcado toda mi estancia, reduciendo al máximo el contacto con los indios. Cualquier intento de aproximación a la cultura india era rápidamente cortado por aquellos primeros recuerdos, por su constante necesidad de escupir a todo lo que se menea, por el estrés producido por la infernal forma de conducir, o, sencillamente, por lo que se veía a la salida del hotel.

Esta imagen refleja perfectamente la india que he conocido: a la izquierda, un grupo electrógeno para suplir los frecuentes cortes de luz que ocurren, tras unos adoquines que jamás se acabarán de colocar. En el medio, en mitad de la pared blanca con chorreones de mierda, un mini templo a Ganesha. A la derecha, de verde claro, una casa, compuesta de un par de habitaciones tenebrosas, sin luz ni agua corriente. Falta la piara de cerdos del vecindario, ese día no aparecieron.

Sólo hoy, el último domingo, me he decidido a caminar por las calles, para ir hasta el mercado a comprar un recuerdo, para poder decir que he estado realmente entre indios, y para verificar que mi decisión de no inmiscuirme en donde no me llaman ha sido de lo más acertada: las botas de obra son más que necesarias para poder caminar entre un lodo húmedo, mezcla de heces, lluvia y barro; los reflejos al máximo para evitar ser atropellado, la gente en cuclillas en el suelo vendiendo cualquier cosa, los monos de los árboles mirándome con cara de mala leche… sí, toda una experiencia.

La India huele. Cualquier aglomeración de personas aquí huele mal, muy mal. A veces es olor agradable de a los buñuelos que hacen en la calle, de panochas asadas; las más de las veces huele mal, a la fruta que se está pudriendo, a las mierdas de los animales, a señores que no se han duchado en días. Hoy he descubierto, a la entrada de un antro típico de las películas de chinos de los años 70, a qué debe oler el puro veneno. El hedor que salía de aquél bar era espectacular. Debían tener dentro el cadáver de Lord Voldemor.

El campo

El campo me ha sorprendido porque se encuentra relativamente bien cuidado. Las extensiones de terreno son brutales, el clima húmedo y la tierra, negra. No hay campos baldíos, todo está bien cuidado y arado. Hay campesinos que aún utilizan bueyes, pero casi todo está mecanizado. Existe incluso balsas de riego en cada parcela, alimentadas por pozos, riego por goteo, y se emplean pesticidas.

La religión

Por una parte tienes a los musulmanes. Son fácilmente detectables: son de piel más clara; ellas, vestidas de ninja; ellos, con las chilabas blancas, los gorros blancos, las barbas largas y sin bigote.

Algún cristiano despistao también se ve por ahí suelto, bendiciendo la mesa.

El cachondeo de verdad empieza con los hindúes. Aquí el misticismo brilla por su ausencia. Los dioses a los que adoran deben estar muertos de la vergüenza por cómo ha aplicado esta gente sus enseñanzas. Parece que para los hindúes tener una religión es como cuando creas un personaje en un juego de rol. Sólo tienes que tirar dos dados en las siguientes tablas:

TIRADA PARA LA ELECCIÓN DE DIOS
Resultado Dios
1 Adoras a Ganesha
2 Adoras a Shiva
3 Adoras a Krishna
4 Adoras a Vishnu
5 Adoras a Bramha
6 Eres un friki y eliges a otro dios minoritario de los 457 restantes
TIRADA PARA EL MÉTODO DE ADORACIÓN
Resultado Adoración
1 Te pintas en la frente el símbolo de tu dios
2 Eliges comer carne los viernes
3 Construyes un altarcito allí donde te venga bien, con una velita y algo de incienso, y lo decoras al gusto (al gusto de un niño de 5 años); luego no lo limpias jamás, dejándolo hecho una pena
4 Aprovechas la llamada del imán local para echar unos mantras
5 Pasas de todo, total, nadie se va a enterar
6 Eliges una opción de las anteriores y vuelves a tirar el dado en esta tabla

Los métodos de adoración no son gracietas inventadas por mí. Son diversas cosas que he visto con mis propios ojitos.

GPM: Bueno chavalada, como he comentado antes, he decidido cortar al GO, que se estaba enrollando más que una persiana de mi pueblo. Pero no temáis, en breve volverá para finalizar con sus aventuras y tribulaciones hindúes. Por cierto corazones, no quiero hacer spoiler, pero un pajarito me ha dicho que en la próxima entrada habrá una historia de amor. Ahí lo dejo…

(Advertencia: El contenido de este relato no es agradable. Abstenerse personas con miramientos exquisitos. Leer pasadas al menos 2 horas de una comida. No dejar leerlo a niños o embarazadas).

Dividiré este capítulo de mi narración sobre el estado de la India en tres bloques: las medidas de seguridad y salud en general, y la higiene personal en el campo y en la ciudad.

La seguridad y salud

En cuanto al tema de la seguridad y salud, entendiendo ambos conceptos en su más amplio significado, puedo comentar lo siguiente del lugar en el que me hallo:

La seguridad al volante ya quedó perfectamente tratada en mensajes anteriores: brilla por su ausencia; la seguridad en las calles, entendida como ausencia de peligro, es elevada. Si bien aquí soy el blanco de todas las miradas, por aquello de mi piel nívea, mis espectaculares ojos verdes y que por primera vez en mi vida soy más alto que la media de la población, en ningún caso tiene uno sensación de peligro, de que te va a pasar algo si pasas por algún sitio, aunque sí se han dado casos de situaciones peligrosas entre los compañeros expatriados. La policía tiene unos retenes a las entradas principales de la ciudad, que únicamente sirven para agilizar el cobro de sobornos a los camioneros que pretenden entrar. Los indios son gente que cada uno va a su bola, y la policía patrullando en las calles es totalmente innecesaria.

El no salir del hotel para no tener que caminar por las calles al lado de los hindúes también ayuda a sentirse en armonía con el universo. En estos mismos momentos me encuentro escribiendo estas letras con unos antiguos amigos: Beethoven, Haydn, Bach, Wagner y compañía hacen que te sientas un poco más cerca de casa.

En lo referente a la salud, eso es algo muy diferente. El sitio donde estamos es una ciudad grande, y cuenta con varios hospitales, a la vez que numerosas clínicas que imagino que serán privadas. No obstante, el estado de los mismos es bastante deplorable, pareciendo más bien los escenarios de la saga Saw. Condiciones sanitarias totalmente contrarias a lo establecido por la práctica médica, sábanas que no han sido cambiadas desde que se inauguró el edificio, aparatos peligrosos, punzantes y obsoletos, y suciedad, sobre todo suciedad que se extiende allá donde alcanza la vista.

En el idioma hindú no deben tener la palabra “mantenimiento”, debe ser por eso que no realizan el más mínimo esfuerzo por mantener cualquier cosa en su sitio. Todo, absolutamente todo, está roto, sucio, caído, destartalado, abandonado, dejado,…  (se me acabaron los sinónimos, que si no, seguiría). Las casas son viejas, la pintura, ajada, las instalaciones, en desuso, las aceras, inexistentes, las edificaciones, rotas, los monumentos, abandonados, la maquinaria, obsoleta, el firme, bacheado. El país entero es una ñapa. Aquí hay dinero para hacer cosas, pero no hay cultura de conservación de las mismas. Parece como si los ingleses les hubieran dejado un país hecho, pero sin instrucciones de uso y conservación. Y si les hubieran dejado dichas instrucciones ni las habrían leído.

El resultado es que la ciudad está llena de solares con roña hasta desbordarse, aceras rotas, escombros de vete a saber qué año, polvo por todos los sitios. Solamente las avenidas principales están asfaltadas, en cuanto te descuidas un poco estás en calles de tierra, con cerdicos buscando qué comer entre la basura acumulada. La gestión de la basura es mínima. A veces pasa un tractor con remolque y va recogiendo montones de basura que alguien ha ido acumulando. En los pueblos directamente se prenden fuego a dichos montones de plásticos y papeles, con lo que se garantiza al menos que no se ahoguen en su propia inmundicia.

La limpieza de las cosas, cuando la hay, es, digamos, absurda. He visto limpiar en el hotel las ventanas con hojas de periódico, dejando más marcas de suciedad que al principio de la operación. He visto limpiar mesas tirando las migas y restos de arroz al suelo, y de allí… no sé qué pasará con esas migas, porque nadie las recoge, y aquí no he visto ninguna mopa o bayeta en las tres semanas que llevo viviendo. Igual por la noche hacen pasar un rebaño de cabras por el restaurante para que dé buena cuenta de todo lo orgánico.

Mención aparte merecen las barrenderas. El trabajo de barrer es realizado por mujeres, con escobas formadas por garbas de esparto, largas, pero que no dan como para andar erguido. No se les ha ocurrido ponerles un palo de madera. El caso es que estas mujeres realizan la limpieza de las calles con dichas escobas, dejándose los riñones por el camino, sin una planificación aparente. Se desplazan con un movimiento aleatorio (¿recordáis que el tráfico era cuántico? las barrenderas también lo son), quitando las piedrecitas y papeles que encuentran frente a sí, echándolas a los lados. Pero como no siguen un plan de acción, la suciedad que se ha movido de derecha a izquierda, pasa de izquierda a derecha en la siguiente pasada, y aunque el resultado es totalmente deplorable, la mujer barrendera parece estar muy satisfecha porque el trabajo por el que le pagan (menear el polvo con la garba de esparto, sin que necesariamente queden limpias las calles) ha sido realizado.

El estado de las ciudades se complementa muy bien con los usos y costumbres que tienen los hindúes tras comer. Escupitajos y eructos armonizan perfectamente con el entorno. Hay un camarero que parece que me esté retando. Algún día me calentaré y le espetaré las sabias palabras de Sun Tzu: “no empieces una guerra de regüeldos que no puedes ganar”.

La higiene personal en el entorno rural

Podría sencillamente decir que los garrones de los hindúes tienen más suciedad que el palo de un gallinero, y acabar con la descripción de lo que aquí ocurre sin más detalles. Sin embargo, este primer análisis sería muy superficial, y creo que bien merece un estudio más a fondo de la gestión de residuos humanos y de la solución a la que ha llegado esta sucia gente.

Sólo diré dos palabras: Ingeniería Sanitaria. En el medio rural desconocen el significado de cada una de esas dos palabras, y ni se imaginan que puedan estar juntas como locución nominal en una misma frase.

Intentemos, como técnicos que somos, resolver el siguiente problema sin la ayuda de los conocimientos adquiridos de la Ingeniería Sanitaria. Tenemos a 1.000.000.000 de hindúes, la mitad de ellos (por decir algo) viviendo en el medio rural. Si cada individuo realiza una deposición al día de aproximadamente 100 g, resulta que tenemos que gestionar 1.000.000.000 hab x 0.5 x 0.1 kg/hab dia = ¡¡50.000 toneladas / día de troncos!!, ¡¡y todo ello sin contar con agua corriente!!. Por supuesto, crear infraestructuras de desinfección y tratamiento a la europea no serviría de nada, porque, aun cuando se consiguieran implantar, a la menor incidencia quedarían rotas, inservibles y sin intención de ser reparadas.

La solución que se ha encontrado es la que se lleva haciendo desde que el ser humano es ser humano: irse al campo más cercano y plantar un pino allí donde son vencidas las fuerzas de contención. Reconozcámoslo: en España, hace sólo 2 o 3 generaciones, en el medio rural, se empleaba exactamente el mismo procedimiento. Recuerdo divertidas anécdotas de mis abuelos al respecto. Resulta una manera sencilla de resolver el problema de las cincuenta mil toneladas. En varios días el muñeco de barro habrá sido degradado de manera natural, fertilizando el medio con él. Polvo eres, y polvo vas dejando tras de ti.

Cabe realizar, eso sí, dos objeciones. La primera es que los hindúes no tienen vergüenza alguna: alejarse unos pocos metros de la calle principal, lo justo para que lo innombrable aparezca mínimamente pixelado a la vista, sin ni siquiera la protección de un arbusto amigo, es distancia suficiente como para considerarse a salvo de miradas ajenas. Dicha distancia es claramente insuficiente a los ojos europeos y el resultado es que se forman espacios públicos con indios desperdigados que parecen jugar a las canicas, pero que realmente están descomiendo. Las mujeres, eso sí, son mucho más recatadas y sí buscan la soledad en esos momentos de comunión con lo divino.

La segunda objeción es la manera que tienen de garantizar su propia limpieza tras la expelición. No se tiene cultura de utilizar papel higiénico y, en vez de utilizar elementos naturales similares y de probada eficacia (hojas, piedras o las tres conchas profetizadas en Demolition Man), realizan abluciones… ¡con sus propias manos izquierdas!, previamente bañadas en agua transportada en un pequeño pero cuco cántaro de colores.

Paisano volviendo de rezar

Servidor, en su bendita ignorancia, era consciente de que ciertos pueblos utilizaban la mano derecha e izquierda con fines totalmente opuestos, la derecha para gestionar la entrada de alimentos y la izquierda para la salida de lo no aprovechable. Pero daba por supuesto que esta era una medida de higiene adicional a la utilización de cubiertos (derecha) y material de remoción (izquierda), lo cual me hacía considerar a dichos pueblos en lo más alto de la educación y gestión de necesidades humanas. La verdad es que su manera de proceder, despreciando el uso de utensilios no corporales en ambas manos, sólo supone una mínima garantía de contención de enfermedades infecciosas y me permite calificar a esta gente como unos soberanos guarros.

La higiene personal en el ámbito urbano

La gestión de sólidos en suspensión en el ámbito urbano cuenta con el problema añadido de la concentración: otras cincuenta mil toneladas de abono correspondientes al resto de hindúes son generadas en puntos concentrados, las ciudades. No se dispone en este caso de campos cercanos en los que resolver tan turbios asuntos, por lo que la utilización de infraestructura hídrica se vuelve totalmente necesaria, aún con los riesgos de que un fallo en el suministro debido a la falta de mantenimiento ponga en riesgo la habitabilidad de la vivienda. Los hindúes que viven en ciudades han mantenido la arraigada costumbre de no utilizar el papel higiénico. En el hotel en el que habito el baño ni siquiera tiene colgador para tan extraña excentricidad occidental. En su lugar se emplea lo que viene denominándose “el chuflo”.

El Chuflo

Dicho utensilio consiste en una manguera que hace las veces de aquél cántaro utilizado en los pueblos, con el que eliminar a presión las cascarillas remanentes. Por supuesto, a estas alturas no debe sorprender al lector si informo que un elemento que sirve para limpiar se encuentra habitualmente lleno de porquería.

Tras haber utilizado el susodicho chuflo (si bien el hotel nos proporciona papel a los expatriados, para poder hablar con propiedad de algo debes haberlo probado antes), tengo opiniones contrarias:

Por una parte, el comentario extendido entre los europeos que lo hemos usado es que su utilización es teóricamente mejor que la del papel higiénico estándar, puesto que, por muy versado que se esté en el uso del rollo, reconozcamos que siempre quedan zonas por descontaminar. El chuflo proporciona una limpieza total, a la vez que una refrescante y divertida sensación. Por otra parte, resulta fundamental acertar con los valores adecuados de presión y velocidad del agua (la temperatura, lamentablemente, no es regulable): una falta de flujo convierte al aparato en totalmente ineficaz, empeorando si cabe el problema. Un exceso de presión… sólo recordaré que se utiliza la hidrodemolición para romper el hormigón, así que imaginaos el destrozo que puede hacer a las partes más delicadas del ser humano. Otro de los inconvenientes (asociado sin ninguna duda a mi falta de destreza y hábito en el manejo) es su incompatibilidad con los ropajes y calzados europeos, que quedan necesariamente salpicados de agua. No obstante, creo que el uso del chuflo puede suponer un punto de partida para un proyecto de I+D+i, pues presenta ciertas ventajas frente al método occidental.

Como culminación a esta disertación, mi recomendación al lector que pretenda homenajearse con un viaje de placer a este lugar es clara: si no pretende aplicar los usos orientales, y dado que no puede estar uno más de unas pocas horas sin acudir a la llamada de la naturaleza, queda totalmente desaconsejado el viaje a la India.

P.D.: lo único bueno que estoy sacando de mi estancia en la India es poder ponerlo todo en perspectiva. Dejo la siguiente reflexión al lector: Que nuestras rollizas nalgas depositen su contenido sobre agua potable es un lujo exquisito que la mayoría de caudillos, reyes y emperadores de la historia no han tenido la oportunidad de disfrutar. Valorémoslo adecuadamente la próxima vez que vayamos a liberar a Willy.

Saber idiomas es muy importante, nadie lo niega. Te permite conocer mundo, culturas diferentes, entenderte con la gente… Hay que ir a clases de inglés en donde te enseñan el idioma de Shakespeare, porque es el universal: los phrasal verbs, qué agudeza; el genitivo sajón, qué gran invento; las diferencias entre el “do” y el “make”, qué sutileza en el lenguaje; el condicional compuesto pluscuamperfecto de segundo grado, qué virtuosismo…

La empresa te paga unas clases de inglés para que no vayas por la vida como un corderito, sino con posibilidad de entender y de hacerte entender, de mandar, de dar órdenes porque eres ingeniero y toca dar órdenes. Gracias.

Lo que pasa es que el inglés que se da en las academias dista mucho del necesario para hacerse entender en India. Me explico:

Lo primero: en india no se habla inglés, por mucho que presuman los anglos. Que dejen de contar a 1250 millones de personas como angloparlantes. La gente, aquí (en el medio rural, que es a donde nos envían a los Gilipollas) habla el hindi, con escritura devanagari (véase la wiki para más información, paso de explicar más), y cuando se ponen a hablar en inglés ocurre que se juntan el acento estilo “Apu” con sus localismos, y el resultado es de todo menos una conversación fluida. La gente de la obra ya se la han buscado para que sepa inglés, pero el personal de servicio (chóferes, cocineros, vigilantes, currelas, etc.) van muy justitos, su acento es mucho más hindi y la comunicación real se acaba haciendo por señas.

Lo segundo y más importante: el inglés que se explica en las academias no es el que utiliza el ingeniero en sus desplazamientos por el mundo. De nada te sirve lo del pluscuamperfecto inverso con phrasal verb incorporado. Aquí lo importante es saber decir, según en qué ocasión te encuentres, cosas como las siguientes:

Comida

Algunas frases que debe uno aprender a la hora de ir a los restaurantes para poder sobrevivir son las siguientes

“Sin especias, por favor, no picante”

“Joder, mamón, te dije que me lo pusieras sin especias, voy a cagar fuego esta noche”

“Póngamelo en un vaso limpio”

“¿Esto es para ti un vaso limpio, cacho guarro?”

“Déjalo, da igual, tráeme la botella que ya bebo yo a morro”

(Nota curiosa: los hindúes no amorran. Tienen una habilidad innata para beber a gallón de cualquier recipiente, ya sea una botella recién abierta que hace salir el agua a borbotones, o en un cántaro del tamaño de una alberca: siempre atinan con la inclinación de la mano y brazo para acabar con un chorrito en la boca del tamaño adecuado. Si se han introducido líquido de más en la boca, éste es expelido al más puro estilo “llama andina”)

Enfermedades

En general hay que conocer con detalle las partes del cuerpo humano para describir el lugar en el que te está doliendo (¿alguien sabe decir ingle, corvas o sobaco en inglés? lugares, por cierto, llenos de ganglios susceptibles de inflamarse). Además es muy conveniente tener un vocabulario médico mínimo. Es necesario saber (reto al lector a que sepa traducir todas estas palabras) vocablos como los siguientes (va en serio, he tenido que utilizar la mayoría de estas palabras):

Corte, herida, golpe.

Todo tipo de fluidos corporales (sangre, pus, mucosidad, etc.).

Fiebre.

Diarrea, diarrea aguda, diarrea aguda sangrante espasmódica.

Estreñimiento (bueno, este quizá no hace falta, en la India jamás irás estreñido).

Vómitos, deshidratación.

Mareo, desfallecimiento, pérdida de consciencia.

Escalofríos, convulsiones.

Trabajos de obra

Otro de los inconvenientes del inglés recibido en las academias es que te permite dar la orden de ejecutar una OPA hostil contra la compañía rival, pero no te prepara para expresiones más cotidianas del día a día, las que realmente necesitas para desenvolverte en tu trabajo. En mi caso, para el trabajo en la obra me visto obligado a decir, o a intentar decir, expresiones como las siguientes (invito al lector a que discrimine cuáles de las siguientes frases he pensado, pero no he podido decir por falta de vocabulario, y cuáles sí les he soltado a los trabajadores hindúes):

¿Sueles hacer las cosas de esa manera? Pues llevas toda tu puta vida haciendo mal tu trabajo, que lo sepas.

Qué poca sangre tenéis, es que no sois capaces ni de hacer sombra.

¿De qué coño te ríes?, ¿me estás vacilando, chaval?

Pensaba que tú eras el ingeniero bueno, y tu compañero era el ingeniero malo. Y resulta que tú eres el ingeniero malo, y tu compañero es el ingeniero peor.

Ponte la máscara. Ponte las gafas. ¡Ponte el casco! ¡¡Ponte el arnés!! ¡¡¡JODER, TÍO, PONTE LOS ZAPATOS, QUE VAS DESCALZO!!!

La mierda que nos habéis dado hoy para comer sabe igual que la mierda que nos disteis ayer para comer.

¿HAS VISTO? ¡HE ARRANCADO EL ANCLAJE CON MIS PUTAS MANOS! ¡¡¡ME JUEGO LOS HUEVOS A QUE EL RESTO DE ANCLAJES ESTÁN IGUAL!!! ¡¡¡LOS HUEVOS!!!  ¡¡¿¿ME HAS ENTENDIDO, VERDAD??!! ¡¡¡LOS HUEVOS!!!

Es una vergüenza que tenga que venir un tío de España a decirte cómo tienes que hacer tu trabajo.

Eh, maricón, tira p’allá, que corra el aire

No, no me gusta la cerveza. No, no me gusta la música de Shakira. No, no me gusta el futbol. Sí, vengo de España.

¡Mentirosos! ¡Estafadores! ¡Tramposos! ¡Los indios sois todos unos sinvergüenzas! (y los indios, mientras decía todo esto, descojonaos de la risa).

Despierta, coño, y llévame a la siguiente torre, que te pasas el día durmiendo, macho.

¡Cuatro!, ¡dale cuatro pasadas!, ¡¡cuatro, joder!! ¡Mazhaaaaaaar! ¿Cómo se dice cuatro en indio? ¿’Char’? ¡Eh, tío, dale ‘char’ pasadas, ‘char’!

Frena, ¡frena!, ¡¡FRENA!!  ¡Qué te comes la vaca!

¿De verdad me tengo que poner el casco en el Punto Seguro de Evacuación? ¿Y por qué le llamáis entonces Punto Seguro?

Paso de todos vosotros, a fer la mà, a tomar por culo.

Melasuda

Como ejercicio para casa, el lector debe traducir las expresiones anteriores, y expresarlas oralmente con el tono de voz que requiere cada ocasión. Traslado también mi propuesta para que el curso que viene los profesores de la academia nos enseñen algunas de estas frases, es decir, el inglés “de la calle”.

El inglés técnico

Sólo comentar que, incluso un gañán como yo, y gracias a las clases impartidas a mediodía, ha alcanzado un nivel suficiente como para desenvolverse en la India y no morir en el intento. De hecho, he sido adoptado por el responsable del parque como traductor oficial a los otros españoles que andan más perdidos que yo, lo cual supone un cierto problema, pues si bien mi acento y dicción es aceptable, mi “listening” es pésimo (a veces no sé si me están felicitando o me están echando la bronca), y acabo traduciendo lo que me apetece.

El inglés técnico es muy importante, en especial el correspondiente a tu ámbito de trabajo, pero más aún es tener cintura suficiente como para salir de situaciones como esta:

Al segundo día de llegar, sin conocer todavía la obra, me convocan a una reunión, sobre no-sé-muy-bien-qué-tema (un ruido de fondo, una desconcentración, un vahído, lo que sea, hizo que me perdiera el objeto de la reunión). Llegado el momento, empiezan a aparecer indios ocupando toda la sala, y el convocante hace una breve presentación (a la que no atiendes, por supuesto, porque estás a lo tuyo, ya te enterarás de qué va esto con las fotos que pongan) y al final de la misma se calla y 11 hindúes empiezan a mirarte fijamente. En ese momento te quedas blanco y comprendes que eres tú quien debe hacer la presentación, quien debe mostrar tu capacidad y tus recursos (que para eso has ido, para solucionarles la papeleta). Tu vida pasa ante tus ojos, y pones pausa en las horas finales, tratando de recordar los únicos dos o tres temas de los que has hablado con el señor que te ha metido en el berenjenal. De repente de das cuenta de que te han ofrecido un proyector, y enchufas el portátil poniendo el único Word que has escrito y comienzas a hablar de él con tu maravilloso inglés técnico. Al minuto de hablar te giras y, al comprobar que los hindúes siguen en la sala y no te miran con cara de vaca, respiras aliviado y prosigues la charla, haciendo buen uso, por fin, de las clases de inglés que te paga la empresa.

Por cierto, mi estancia aquí me está sirviendo para aprender nuevo vocabulario técnico. En especial, una palabra en inglés, “issue” que nunca he sabido muy bien cómo traducirla (asunto, tema, transmisión, aspecto, emitido a alguien, cuestión…). La correcta traducción de esta palabra es “Marrón” (y no estoy hablando del color). La primera vez que la escuché me miré a los pies porque creía que estaba hablando de mis zapatos (my shoes), para perplejidad de mi interlocutor.

Finalmente, sólo aconsejar que no tratéis de hacer bromas, el sentido del humor se traduce muy mal. Frases de coña como “tranquilo, hombre, ningún problema; total, nadie está trabajando hoy” provoca que se forme un pequeño comité de investigación sobre por qué los trabajos andan con retraso.

Un último dato curioso: aquí además del acento propio de los hindúes, pronuncian las letras “th” a la irlandesa, como una “t” en vez de cómo una “z”. Así que “det” significa muerto, “tenkiu” significa gracias y “tertín” significa 13.

Díganme tres animales típicos de la India. Seguro que estarán pensando en el tigre de bengala, el elefante y las vacas. Quizá alguno piense en un oso que se llama Baloo bailando blues con Mowgli en la selva, pero poco más (¿Un oso en la selva? ¿Qué te has fumado, Kipling?).

Bien, la respuesta es mucho más sencilla, común y menos exótica de lo que pensáis. Los animales típicos de la india profunda son:

Vaca: Sí, en efecto, hay vacas sueltas por las calles de las ciudades de la India. No sé cómo de sagradas serán, pero los indios no sólo no están adorándolas, sino que la gente pasa de ellas como de los otros muchos animales que merodean por las ciudades. Por lo que tengo entendido las vacas serán todo lo sagradas que quieran, pero tienen dueño. Las vacas se usan para lo mismo que en todos lados: para dar leche y hacer queso o yogur. Y los bueyes para arar el campo o servir de medio de desplazamiento. Las vacas, por lo general, están bastante flacas. Bueno, aquí casi todo está bastante flaco.

Cerdo: En España tenemos gatos callejeros, y, si acaso, algún que otro perro. Aquí también abundan estos animales, tanto en las ciudades como en el campo, pero sorprende la cantidad de cerdos salvajes viviendo en las ciudades. Cerdas con sus manadas de lechoncitos recorren las abundantes zonas de basura de las ciudades, buscando algo que echarse a la boca. Los moros, que son aproximadamente un tercio de la población, no pueden comérselos, y se ve que a los hindúes tampoco les hace mucha gracia. Es como si a nosotros nos propusieran comer perro. Seguramente esté delicioso, pero mira… va a ser que no. Así que los cerdos han encontrado en las ciudades un hábitat propicio para la reproducción: no tienen enemigos naturales salvo el tráfico, y tienen una fuente continua de alimentación. La gente pasa de ellos y ellos de la gente.

Burro: Tan abundante como las vacas en las ciudades son los burros. Andan sueltos, aparentemente sin dueños, cerca de las carreteras. A los borriquillos les ocurre algo muy curioso. Tienen el instinto de quedarse quietos, inmóviles, frente a un peligro o algo que se mueve a toda prisa, así que, si alguno, deambulando, acaba cerca de una carretera, permanecerá quieto, como hipnotizado, durante horas, esperando que cese un tráfico incesante. Puedes ir por la mañana al trabajo, ver un burro, y a la vuelta 12 horas más tarde ver al mismo burro en exactamente la misma posición. En el campo también tienen caballos pequeños.

Gallinas: Como base de la comida hindú, está la gallina. Las gallinas se venden “frescas del día”. Es decir, vas al corral que está detrás de la pollería, eliges a una afortunada gallina, y el carnicero te la “prepara” en el instante. El servicio es directo y garantiza carne fresca al momento. Que la “preparación” de la gallina por parte del pollero provoque manchas de sangre en la tabla de trabajo, salpicaduras y restos de plumas y mierda que se pegarán en la carne de la gallina que vas a comer, es harina de otro costal. Que la carne esté limpia de gérmenes y roña es considerado una excentricidad de los europeos. Además, con roña tiene más gustito.

Cabras: Finalmente, y siendo considerado un plato más exquisito, está el cordero, aunque el sabor de la comida con él preparada hace que entre los expatriados sea denominada “guiso de cabra”. Existen pastores, con sus cabras, en el monte, pastoreando, y muchas familias tienen una pareja de cabritos criando, como autoconsumo. Son más abundantes en el campo, en las ciudades no existen.

Fauna local del hotel. En el hotel uno sufre de la fauna propia de los edificios: mosquitos, cucarachitas (pequeñajas, nada que ver con las europeas, las hindúes no dan miedo) y algún que otro ratón que sale de la cocina (espantado de lo que acaba de ver, supongo) son los animales que te puedes encontrar en mi lugar habitual de residencia.

Fauna salvaje en la obra. La obra se encuentra enclavada en mitad del campo, así que es normal encontrarte con animales salvajes de todo tipo:, y de un tamaño considerable: saltamontes, ranas, ciempiés y demás son habituales, pero lo realmente exótico son otros bichejos más peligrosos: llegué a ver dos alacranes, y me mostraron el video de una serpiente, una cobra, un bicharraco de dos metros con muchísima mala ostia, que se había colado entre los acopios de material y que se revolvió contra los trabajadores cuando fue molestada. Por supuesto, todo bicho venenoso que se encuentra en la obra acaba teniendo una rápida muerte.

En esta segunda parte de mis aventuras por la India, contaré cómo es la manera de conducir de esta gente.

En general, la forma de conducir aquí en la India podría definirse en un primer momento como una mezcla de comportamientos caóticos, anárquicos, salvajes e incivilizados. Nada más lejos de la realidad. La conducción de los hindúes resulta ser la consecuencia de la utilización de un cerebro más activo y desarrollado que el nuestro, junto con la participación activa de muchos de sus dioses, velando para que no se produzcan accidentes. Ser capaz los distintos usuarios de la vía pública de cruzarse entre sí en infinitas trenzas, perfectamente coordinados, requiere de un entrenamiento y de una capacidad de percepción muy superior a la que estamos acostumbrados en Europa.

Paso a explicar cómo deben ser, según lo que he podido ver durante estas dos semanas, las normas de circulación Indias:

1.- Sentido de la conducción. Para empezar, la genta aquí conduce por la izquierda. La verdad es que los conductores, estrictamente, no conducen por la izquierda. Suelen conducir por la izquierda, más bien. Me explico: la posición del vehículo según la marcha suele ser la izquierda, pero, si no hay barreras físicas que obstaculicen la marcha, nada impide al conductor dar rienda suelta a su creatividad y empezar a conducir por la parte derecha. Dicha permisividad es especialmente útil a la hora de realizar ciertas prácticas: ¿qué has realizado un adelantamiento? Pues continúa conduciendo por el carril derecho, para gozar de vistas de la carretera a las que habitualmente no estás acostumbrado. ¿Existe un badén en la carretera que por el carril derecho está más desgastado y se puede pasar con mayor comodidad? En ese caso, es tu obligación como conductor tomar el badén por el carril derecho, para preservar el buen estado de los amortiguadores de vehículo.

2.- Carriles. El concepto de carril, tal y como lo conocemos en Europa, es distinto. En la India el carril es una zona con una probabilidad elevada de encontrarte con vehículos circulando en el mismo sentido que el tuyo. La conducción en India utiliza conceptos avanzados de probabilidad y resulta ser, por lo tanto, cuántica, en vez de determinista como la europea.

La definición anterior hace que el carril, como tal, ocupe una banda difusa comprendida entre la cuneta izquierda y las líneas discontinuas de separación de sentidos. Ambas inclusive. Esta concepción de carril resulta ser una consecuencia de la permisividad de conducción por cualquier lugar de la calzada, vista en el punto anterior.

3.- Rotondas. Las rotondas no existen. En ocasiones, en las ciudades, existen plazas grandes con monumentos de base circular en medio, pero ello no implica que deban circunvalarse en un sentido concreto (horario, dado que se suele conducir por la izquierda). Si tu destino se encuentra a la derecha de la rotonda, lo lógico es dejar la misma a tu izquierda. El camino resultante es más recto y te lleva antes a donde quieres llegar, resultando, pues, en una conducción global más eficiente.

4.- Marcas viales. Existen marcas viales en las ciudades, pero no tienen significado alguno en la conducción. Se trata, más bien, de elementos decorativos de la ciudad, ornamentales, situados en la calzada. Pintar el suelo a rayas blancas y negras como si fuese una cebra queda muy chulo en todos los continentes.

5.-Reservas de espacios. La separación de vehículos y usuarios de la vía pública en aceras y calzada, con el objetivo de garantizar la seguridad de los últimos va en contra de los principios de la norma hindú de conducción. Una vez más, la Norma prima la agilidad y la rapidez de los desplazamientos frente a la seguridad, bajo la premisa de que, cuanto antes llegues a tu destino, antes dejarás de ocupar la vía pública, y antes te encontrarás a salvo.

La consecuencia es la continua aparición de trenzados entre coches, motos, motocarros, bicicletas, animales y peatones, que se vuelven espectaculares en las intersecciones.

Se hace necesario establecer un sistema de prioridades cuando dos usuarios distintos quieren ocupar la misma posición del espacio-tiempo (recordemos, que la conducción aquí es probabilística, cuántica). Un error común del recién llegado es creer que la masa o el volumen del usuario intervienen de alguna manera en el criterio a la hora de establecer prioridades. En absoluto. La conducción en India es totalmente democrática: todo el mundo tiene el mismo derecho de utilizar la vía pública.

Cualquier usuario, con independencia de su volumen, sistema motriz, casta, religión o especie animal puede ocupar una posición, dirección y sentido cualquiera de la calzada, existiendo una probabilidad mayor o menor de que eso ocurra. La resolución de este problema no lineal, que en Europa necesitaría de complejos cálculos matemáticos con potentes ordenadores, se realiza de forma sencilla: el que primero pone el pie/rueda/pezuña, es el legítimo ocupante de esa región del espacio-tiempo, obligando al resto de usuarios a tomar las medidas de seguridad adecuadas (frenazos, pitidos, etc.), que se propagan como olas en el continuo del Tráfico.

Como consecuencia, cada usuario es a la vez un elemento activo, ocupando el espacio-tiempo que considera suyo, y un elemento pasivo, receptor de los impulsos generados por otros usuarios. El resultado es que el Tráfico se torna un super-organismo, una mente-enjambre, con su propia consciencia y movimientos naturales, formado por miles de individuos, inconscientes cada uno de ellos de formar parte de un ente tan maravilloso. El Tráfico, con mayúsculas, en la India, es un ser más, está vivo.

6.- Semáforos. Haber logrado constituir una tipología de conducción como la indicada, tan maravillosa, tan perfecta, evita la necesidad de cualquier tipo de señalización para indicar la preferencia. Sólo allí en los sitios más angostos, donde el Tráfico se encuentra con unas condiciones de contorno excesivamente restrictivas, resulta impepinable la colocación de semáforos. En los 400 km que llevo recorridos en el entorno rural de la India, sólo he visto un semáforo. He dicho UN semáforo. UN único báculo. En Europa necesitaríamos típicamente de cuatro elementos, uno por cada dirección y sentido, para señalizar debidamente una intersección. Aquí con un único báculo es suficiente. El funcionamiento de EL semáforo es el siguiente: de las cuatro direcciones y sentidos de una intersección, el semáforo indica rojo para una de ellas (la Norte, por ejemplo), dejando el paso libre a la otras tres (Sur, Este y Oeste). Que la dirección Sur se trence con las Este y Oeste es un problema de fácil solución para la mente-enjambre del Tráfico. Pasado un tiempo, el semáforo deja de marcar rojo (no hace falta que ponga verde, se sobreentiende que si no está rojo puedes pasar) y permite el paso de los vehículos que habían quedado parados en la dirección Norte, provocando un pequeño pero maravilloso caos espaciotemporal.

Lo curioso es que dicho semáforo no es fijo, sino que es rotatorio. Al día siguiente, alguien le ha dado la vuelta y lo que hace es parar momentáneamente un sentido distinto al del día anterior, con el objeto de repartir igualitariamente las incomodidades derivadas de tan coercitiva medida.

7.- Comunicación. La comunicación entre usuarios se realiza mediante pitidos. Un pitido significa “haz lo que quieras, chaval, que yo tengo pensado pasar por ahí, y como he pitado antes que tú, voy a pasar, avisado estás”. Es habitual tunear el vehículo con cláxones que imitan el sonido de las atracciones de feria, para hacer el trayecto más ameno.

Cuando hay poca luz no ponen las luces hasta que prácticamente ha anochecido, momento en el cual conducen con las largas, para joder al que viene de frente, más que nada.

Finalmente, quisiera relatar alguna particularidad de los distintos vehículos que puedes llegar a encontrarte en la India.

  • Camiones, autobuses y demás vehículos de gran tonelaje: Bastante viejos, y de características similares a los europeos, salvo que van adornados con luces de navidad, guirnaldas, pompones, muñequitos y cualquier otra cosa con cualidad de convertir en hortera a todo aquello que lo lleva puesto. Algunos camiones están pintados con motivos alegóricos a budas, flores, dioses, animales, etc., con un estilo propio, que podríamos denominar como “pintura típica de niño de 5 años”. Muchos camiones llevan en la parte trasera la inscripción “Horn OK, please”, que podría traducirse como “Pita si lo estoy haciendo bien”, pero que más bien significa “Me la suda que estés pitando” o “Considero que la barbaridad de maniobra que acabo de hacer ha sido de tu agrado”.
  • Coches: Nada de especial que reseñar. No hay muchos. Suelen ser bastante nuevos, no demasiado potentes, pero de suspensión fuerte, para adaptarse a los baches de las carreteras.
  • Tuc-Tuc: Son motocarros, motocicletas adaptadas con una cabina en su parte trasera que hacen las veces de taxis. El precio del trayecto, por supuesto, no está fijo, sino que depende de la capacidad negociadora de conductor y viajero. Su capacidad es de “hasta que no quepan más indios” kilogramos. El vehículo comunitario (Tuc-tucs y autobuses) está mucho más extendido que el vehículo privado)
  • Motocicletas: El medio de transporte más popular es una motocicleta de 125 c.c., notablemente más barata que un coche pero que permite hacer la misma función que aquél (llevar a la familia de un sitio a otro con velocidad), y sin problemas de aparcamiento. Las motos son sencillas, prácticas y fiables, nada de escúteres, eso son mariconadas europeas. La norma hindú debe de permitir la ocupación de hasta tres personas en ellas (es decir, todo lo que da el asiento), si bien hay que tener en cuenta que los niños ocupan la mitad, y los bebés no cuentan. Así, el número máximo de ocupantes de una motocicleta que he visto es de 5 personas (por este orden, niño grande, niño de unos 3 años, hombre, niño y mujer).El casco no solamente no es obligatorio, sino que está desaconsejado su uso. Su empleo reduciría sensiblemente la visibilidad y la percepción del entorno, por lo que es peligroso utilizarlo. Sólo he visto a dos personas que lo llevasen puesto.
  • Bicicletas: Hay relativamente pocas, sólo usadas por niños, y por adultos en el medio rural como medio de transporte de alforjas llenas de agua.
  • Carros: La moto no ha reemplazado totalmente al carro tirado por bueyes como medio de locomoción en el medio rural, que sigue cumpliendo su función de transporte y de tiro de arado.
  • Peatones: Claramente son el tipo de usuario más vulnerable. Para garantizar su seguridad, los peatones se pintan un tercer ojo místico en la frente para tener percepción de lo que ocurre frente a ellos. Sí, esa es la verdadera razón por la que los indios se pintan un tercer ojo, no es por motivos religiosos. En la calle, los ojos, cual camaleones, salen de sus órbitas y miran a las direcciones derecha e izquierda, simultáneamente, mientras que tercer ojo pintado percibe la parte delantera y el ojo del culo controla la retaguardia. El Hindú se convierte, en ese estado, en un ser omnisciente capaz de percibir todos los peligros que ocurren a su alrededor y reaccionar adecuadamente.
  • Animales: Todo lo aquí contado aplica de igual manera a los diferentes animales que se ven por la calle y las carreteras: vacas, bueyes, rebaños de cabras y ovejas, cerdos y perros se comportan de manera similar a peatones y vehículos.

P.D.:

Ahora en serio. Si no hay más accidentes de los que debería haber, es porque la conducción se hace a velocidades relativamente lentas, y la gente conduce y anda, dentro del caos, con mil ojos, conscientes de que puede aparecer de la nada un obstáculo en cualquier momento. Se conduce con trayectorias suaves, sin volantazos, frenazos o aceleraciones bruscas, que hacen muy previsible el cálculo de distancias, evitando choques entre vehículos.

Mis recomendaciones para el viajero en cuanto a la conducción son las siguientes:

  • Evitar conducir. Aquí hay que moverse con chofer o en taxi, nada de coger un coche alquilado.
  • No venir a la India. Lo vais pillando, ¿verdad?

No pretendo hacer una guía Michelín de los mejores restaurantes de la India (no creo que haya ninguno decente), ni conocer las más que seguras delicias culinarias propias de este país (no me interesa); escribo esto sólo para hacer una descripción de los usos y costumbres a la hora de comer de esta gente tan pintoresca.

Lo primero: aquí en la India (en mitad de la nada) son muy suyos, y es lógico que no conozcan las costumbres europeas, ni mucho menos las españolas, y que por lo tanto no dispongan de las comidas o ingredientes propios nuestros. Al tratarse este sitio de un lugar en mitad del campo, la cultura europea no les ha llegado, así que no pretendas encontrar una paella, unos huevos rotos o un gazpacho, aún cuando este sitio es una ciudad de 300.000 habitantes.

Aquí te vas a encontrar con la comida típica hindú: la base es el arroz, pero no el arroz “del bueno”, de ese que absorbe los sabores de la bajoqueta, el pollastre, el conejo,y el garrofó, no, aquí tienen el arroz ese largo, que dicen que no se pasa, pero que sí se pasa. El plato típico consiste en un par de cucharones de arroz y una salsa de verduras, más o menos picante, echada por encima. Un arroz blanco con tomate de toda la vida, pero al echarles otras especias, pues sabe distinto.

Para alegrar el día cuentan ocasionalmente con la carne de pollo como base para las proteínas. El cordero (cabra, más bien) se reserva para ocasiones más selectas, fiestas y demás.

Hasta aquí, nada del otro mundo: una cultura distinta con una comida distinta.

El problema es cómo preparan esa comida.

Para empezar, todo pica. Bueno, para ser rigurosos, lo picante es un concepto relativo. Lo que para uno es “un puntito de picante” para otro abrasa. Pues bien, para los hindúes cuando pides una comida sin picante (“not spicy, please”, aprendeos esas palabras y repetidlas como un mantra allá a donde vayáis) te la ponen con mucho picante, y cuando la pides con picante… no sé qué pasará, la pienso pedir el último día en que esté aquí, a ver qué me ocurre). No es que sean tan cabrones que te ponen picante aún cuando les has especificado muy claramente y por triplicado que no quieres el picante (que también puede ser), es que, como fríen / cocinan / preparan todo en la misma mesa de trabajo, con los mismos aceites, con las mismas manos (sí, con las manos, ahora hablaré de ello), pues el mejunje que usan para las cosas picantes acaba pasando a lo no picante, así que de acabas comiendo picante por cojones. Para evitar el picante los truquitos son beber leche (nada aconsejables por estas tierras, a saber qué mamífera han ordeñado) y tomar unas bolitas de azúcar que te sirven al final de la comida. El dulzor del azúcar neutraliza el picante y puedes seguir viviendo unas horas más. Lo he probado y funciona.

Lo más importante en cuanto a la comida son las condiciones higiénicas con las que se ha preparado lo que comes. La ausencia de dichas condiciones higiénicas, más bien.

Si os ponen un plato, antes de que os sirvan la comida en él haced la prueba del algodón con una servilleta. Sistemáticamente el plato en el que te sirven las delicias hindúes (es decir, un puto arroz blanco con kétchup picante) va a estar sucio. Siempre. De manera similar ocurre con los vasos o los cubiertos. Así que imaginaos cómo serán los entresijos de una cocina hindú. Chicote saldría de allí blanco del susto.

Harto ya de tanto arroz (para que un valenciano diga que pasa del arroz, imaginaos cuán de harto debe estar), solicito una noche que me hagan un hervido. Explico con mi inglés macarrónico en qué consiste este exótico plato “chu boiled poteitos and güan boiled onion, plis”, y al cabo de media hora me traen dos patatas hervidas pero frías (¡¿?!), hervidas con la piel (quedaban restos), y una cebolla roja dura de esas de hacer aperitivos, mal hervida. Cuando les pido aceite y vinagre, me traen un cuenquito con aceite de la freidora, con sus motitas negras flotando, suspendidas e ingrávidas. Afortunadamente, la sal seguía siendo cloruro de sodio, como en España.

El agua que pedimos siempre es embotellada. Ello no quiere decir que sea natural o de manantial, no. De hecho, se especifica claramente que el agua es agua desosmotizada, o tratada, o no sé qué. Beber de esa agua no garantiza la impunidad frente a contaminación bacteriana, pues el resto de la comida es “lavada” con agua del grifo, la cual es una exuberante fuente de diversidad animal y vegetal.

Un día decidí llevarme comida del restaurante a la obra, para no comer el rancho que sirven a los hindúes. Pues bien, al cabo de sólo unas horas el arroz estaba pasado, avinagrado, con sabor a limón. En ese momento entendí por qué les gusta tanto el picante a los hindúes. No se trata de una cuestión cultural. La comida se sirve con tantísimo picante para enmascarar el sabor a podrido. Así de sencillo.

Con semejantes circunstancias, uno se teme lo peor. Cuando el primer días en el que llegas a la India haces de traductor en un hospital para otro expatriado gallego, que tiene una intoxicación por comida; cuando absolutamente todos los españoles con los que hablas han acabado con diarrea; cuando el tema de conversación en las comidas es qué medicamento es mejor para cortarla; cuando hay gente que lleva anotadas el número de deposiciones cada día… sabes que aquello no puede acabar bien. Sabes que antes o después vas a pasar por el aro y te va a tocar.

Es triste conocer tu destino, pero saberlo te permite afrontarlo con valor y entereza. Por respeto al lector dejaré sin relatar los aspectos más íntimos de mi vida acaecidos los últimos días.

Pues bien, todo lo aquí contado no deja de ser una nimia anécdota respecto a lo que viene a continuación. Los hindúes comen con las manos. Perdón, corrijo. Los cerdacos de los hindúes comen con las putas manos. Sí, amiguitos, sí. No es que sean pobres como ratas y no tengan para comprarse un puñetero tenedor, es que les gusta comer así. El procedimiento viene a ser el siguiente: cogen el arroz blanco y le echan la salsa por encima, y a continuación comienzan a amasarlo con la mano (la derecha, por supuesto, la que utilizan para saludarte (la izquierda es peor, ya veremos por qué), hasta formar una pasta de color uniforme, amarillento a más señas. En ese momento se echan un pegote de masa a la boca, rechupeteándose los dedos, y repiten el proceso hasta que se han acabado el plato. Ojalá hubieran amasado y vibrado el hormigón de la obra con tanto esmero, ahora no tendríamos tantos problemas.

Seguro que es algo cultural. Nosotros también tenemos la costumbre de comer de un mismo plato (véase la paella o la ensalada). Nosotros también agarramos un costillar de cerdo y damos buena cuenta de él cogiéndolo con las manos (personalmente lo encuentro más delicioso que si lo deshuesara con cuchillo y tenedor), pero a nadie en sus santos cabales se le ocurriría seguir comiendo el arroz de la misma manera. Es que es más incómodo, ostias.

Aún siendo algo cultural, resulta extraordinariamente extraño (léase repugnante) ver cómo el ingeniero con el que has estado teniendo un sesudo debate técnico horas antes, esté amasando arroz cocido con la mano derecha mientras con la izquierda se limpia la roña de los pies.

Para finalizar, me permito dejar algunos consejos para el viajero que decida venir a la India en cuanto a las comidas se refiere:

  1. No venir a la India. Aquí no hay absolutamente nada que hacer o ver.
  2. Traer tu propio juego de cubiertos (estilo navaja suiza), plato y vaso, como de los de ir de camping, y no fregarlos con agua del grifo.
  3. Llenar la maleta de latas de fabada. Si vas a estar 30 días aquí, pues 60 latas de fabada, una para la comida y otra para la cena. El problema intrínseco de las legumbres no creo que sea un inconveniente para gente que considera de buen gusto eructar en público.
  4. Traer sales minerales, tipo Gatorade, Aquarius o incluso el mítico Tang, para añadir al agua y no acabar deshidratado.
  5. Pedir las cosas fritas. Con suerte la fritura quemará los bichos del agua con que ha sido lavada la comida.
  6. Abrir tú mismo las botellas. No echarte ningún tipo de salsa que no hayas desprecintado tú mismo, porque probablemente sido rellenada en la cocina con restos de la comida de otro.
  7. Extrapolar lo aquí contado a cualquier restaurante hindú, paquistaní, marroquí o kebab que pudiera haber en España. Avisados estáis.
  8. No venir a la India. Sí, sé que lo he dicho, pero quiero recordarlo porque es único consejo que realmente funciona.

P.D.: “Comida en mal estado” se dice en inglés “Poisoned food”. Lo utilizaréis tanto como el “not spicy, please”.

Hola chicuelas y chicuelos, ¡el Gilipollas internacional tiene un colaborador! Y como no podría ser de otra manera, se trata de un nuevo gilipollas, que a partir de ahora pasaremos a llamar como el Gilipollas Oriental. En este caso, a este nuevo Gilipollas le ha tocado sufrir un bonito viaje a la paradisiaca y enigmática India.

Inauguro a continuación una serie de seis entradas escritas íntegramente por el Gilipollas Oriental, en las que relata las peripecias que ha vivido en aquél exótico lugar, dejado de la mano de Shiva. El GPM, por su parte, no se hace responsable de sus opiniones y exabruptos, que quede claro.

¿Que estais planeando un viaje místico a la India a limpiar vuestros chacras? Leed, leed, que igual se os pasa las ganas. En toda partes cuecen habas. Avisados quedáis…

A los que como yo, ya pintamos alguna que otra cana, y me consta que el 95% de aquellos que perdéis vuestro precioso tiempo leyendo, estas más que prescindibles palabras mal juntadas, también, supongo que vuestro primer conocimiento sobre el 4 de Julio, vino de Tom Cruise en sus años mozos con su “Nacido el 4 de Julio”.

Si a esa escuela del american stile of life que es Hollywood, le juntamos su Universidad, o lo que es lo mismo, los Simpsons, ya sabréis que el 4 de Julio es ni más que menos que la conmemoración del nacimiento de Estados Unidos, y que se celebra tirando petardos y bebiendo cerveza. Como en cualquier fiesta valencianota, vaya… Si es que cada vez me reafirmo más en mi idea, de que entre los States y la Horroritat Valenciana, tenemos más de un lazo en común… Una de las pocas cosas que no diferencia, es que aquí no tienen paella. No está hecha la miel para la boca del… mismo. Vosotros ya me entendéis.

No obstante, voy a osar a complementar tan magnas escuelas como son el cine y la televisión, intentando dar un poco más de luz sobre tan magna fiesta y de cómo fue el día en Tehachapi, que para aquellos que no lo sepan, es mi particular valle de lágrimas californiano.

Empezamos con que esta festividad, es de las pocas que tiene un día fijo en el calendario usamericano. Las demás son flotantes, del tipo el primer lunes de Septiembre, o tercer martes de Agosto, o lo que sea. Así, y si hay suerte como este año y cae en puente, la peña espera este día para coger vacaciones y así fugarse lejos de su aburrida vida diaría. De ahí que en mi opinión, la fiesta en si tenga poco lustre, siendo como es la festividad más importante del país.

Bueno, el programa de festejos típicos del 4th July, suele empezar con una feria. Súper original ¿verdad?

 

¿Podéis contar las diferentes banderitas?

Pues ya lo veis, señores mayores y albondiguillas haciendo un picnic en un parque, y una feria con cuatro tenderetes, de los cuales dos vendían hot dogs, los cuales parece ser que son el plato nacional para este día, pero ya puedes buscar donde está la barra con la cerveza, que no la encontrarás. ¿Pero esto que m… de fiesta es? Resulta que en los USA, está terminantemente prohibido beber alcohol en espacios públicos, y sobre todo si hay niños delante. Porque claro, si te ven beber una birra inmediatamente te imitarán y se volverán unos alcohólicos. Eso sí, si te ven con una pipa en las manos, no tiene nada que ver con que cuando tengan 15 años cojan un fusil de asalto y se carguen a medio instituto, solo porque la capitana de las cheeladers pase de él, y prefiera pasarse por la piedra al quaterback del equipo de fútbol. Esas incoherencias de los yankees que nunca entederemos.

Importante mostrar que eres americano y mucho americano. Y nada mejor para ello, que vestir alguna prenda que lleve impresa la bandera de esta gran nación. Vale de todo: camisetas, camisas, pantalones, pañuelos, sombreros, faldas, vestidos… O todo a la vez… Da igual. De la ropa interior, no me preguntéis, que a tanta información no llego.

De ahí al rodeo. Porque ¿qué hay más americano que un espectáculo con toros y descerebrados? Porque esto sólo lo encontramos en USA ¿verdad?… Guiño, guiño… Ya lo de los toros e inconscientes de cualquier pueblo de nuestro terruño, lo dejamos para otro día…

Pues bueno, mucha expectación para el ver el dichoso rodeo. Casi tanto como banderas con las barras y estrellas. Desde donde yo estaba sentado pude contar hasta quince. Si normalmente ya te encuentras banderas por todas partes, pues imaginaros en su fiesta grande. Hasta en la sopa… Bueno sopas con la bandera no he visto, pero si galletas.

En fin, vamos a reconducir esto que desvarío. Volvamos al rodeo. El espectáculo comenzó con un speaker presentándonos a los diferentes cowboys aka idiotas, en plan manspreading, que iban a torear… digo montar a los toros de la ganadería Mad Bulls (con este nombre ya queda todo dicho). A continuación el mismo menda, nos recitó un poema sobre lo grande y maravillosa que es la nación americana, algo así como que es la tierra de la libertad y todas esas cosas que ya nos han contado unos cuantos miles de veces. Luego salió un cureta del ejército ¿¿?? y en lugar de rezar por la paz mundial y el libre albedrío, largó una monserga sobre las tropas que están guerreando en el extranjero, para que maten a muchos y vuelvan a casa sanos y salvos. Luego salió una chiquita y se cantó ella solita y a capella el himno de los States. ¡¡Ahí sus ovarios!! Sin duda lo mejor de la tarde.

Manspreading vaquero.

Una vez cumplidos los prolegómenos, empezó el rodeo propiamente dicho. Con nuestras tragaderas de cultura americana, supongo que ya sabréis de va esto, pero si no es así, ya estoy yo aquí para ilustraros y convertiros en mejores personas y profesionales, jeje. Esto va de una especie de toros, a los cuales tienen muy pero que muy cabreados dentro de una especie de toril minúsculo, donde el bicho no se puede mover. Entonces se le monta un gachó encima, el cual tiene que vestir camisita apretadita, pantalón con flecos y sombrero de cowboy, mientras otros del gremio tienen amarrado al miura de turno. En esto se abre el toril y sale el toro dando saltos y coces, intentando tirar al idiota que tiene encima, el cual no aguantará más de unos segundos sobre el bichito. Entonces el cowboy tiene que ser rápido y apartarse corriendo o gateando o como buenamente pueda del bichito, el cual lo intentará cocear y aplastar. Toda una diversión.

En este video, por cierto de muy mala calidad, creo que lo grabó un gilipollas viajero que estaba por ahí suelto, tenéis todo el proceso, el cual no es muy complicado.

Hubo un par que aguantó el tiempo mínimo establecido, creo que unos 10 segundos, y el que ganó se embolsó unos 12.000 paven. Ya me gustaría haber visto al menda este enfrente del Ratón… (NdA: Para los que lo desconozcáis, Ratón era un toro que llevaban a las fiestas de los pueblos, el cual era famoso porque en su dilatado historial a largo y ancho de la geografía valenciana, se había cargado creo que a 3 o 4 inconscientes que se le pusieron por delante. En lugar de retirarlo a una dehesa, a fin que se follase a unas cuantas vacas, todos los alcaduchos de turno tiraban de chequera, para que el toro en cuestión fuera a las fiestas de sus pueblos y así de paso se cargase a alguno de sus convecinos. Creo hasta un monumento le hicieron, o algo así. En fin, Horroritat  Valenciana).

Pues así dos horas. Una vez visto tres o cuatro, y viendo que ningún toro pateaba a algún idiota, mi interés decreció al nivel de tener que contar banderas. Eso sí, los yankees se lo pasaron en grande, gritando, comiendo hot dogs y bebiendo cerveza.

El día acabó con un espectáculo de fuegos artificiales. Como cualquier fiesta de pueblo vaya. Es más, me recordaba sobremanera las fiestas de mi pueblo, las cuales creo que ya hace unos 20 años que no veo: toros y tracas. Eso sí aquí no embolan a los toros, no hay procesiones, ni traen a Francisco a cantar el Himne a la Regió. En su lugar, dispararon el castillo sobre un prado reseco, con lo cual la fiesta continuó en plan incendio forestal. Y parece ser que no es la primera vez que pasa, porque en los alrededores estaban estacionadas cuatro autobombas de bomberos ya preparadas para actuar.

En fin, diversión hasta el final. Good bless America!!!

Sé de buena tinta, que algunos de vosotros, que no tenéis otra cosa que perder vuestro valioso tiempo, leyendo las sandeces que este Gilipollas plasma a golpe de tecla, habéis estado en este pozo de pecado y perdición llamado Las Vegas. Otros muchos la conoceréis por los miles de pelis que aquí se han rodado. O vaya, entre muerto y muerto de CSI… Sea por lo que fuera, quien más quien menos ya sabéis lo que se cuece por aquí.

De la experiencia de dos findes perdidos en esta ciudad del pecado, para el gilipollas mundano, Las Vegas (o LV, para acortar ¿vale?) no es más ni menos que un antro en medio de un desierto, donde poder perder hasta los calzoncillos en los casinos, beber en la calle (esto en USA está muy pero muy mal visto), desgastar la VISA en los centros comerciales de híper lujo, o dejarte tentar por la carne de señoritas de vida alegre. Supongo que también habrá señoritos, que de todo tiene que haber. O sea un parque de atracciones para adultos, donde lo mejor que puedes hacer es venir sin un duro, por qué sino lo vas a perder.

En cierto modo Las Vegas se parece un poco a Valencia. Más que a Valencia en sí, a Valencia en Fallas. A primera vista, esta afirmación suena como mínimo a pretenciosa. Pero los datos están ahí. Vayamos por partes…

Los casinos del Strip no son más que fallas hiperhormonadas.

Las Vegas se articula en dos partes bien diferenciadas. Una de esas partes sería el Strip. Esta es una larga avenida donde se agolpan los súper hoteles/centros comerciales/casinos.

Como la calle Colón con las luces falleras.

En realidad el Strip no pertenece a la ciudad de Las Vegas, sino a un pueblo de “al lao”. Es como si el Cami Reial , desde Beniparrel a Sedaví, en lugar de salones de bodas estuviese a parir de casinos de CIRSA y la peña lo llamase la Raya de Valencia. Hombre, me imagino que a los de la Horta Sud no les haría mucha gracia, aunque no sería por falta de rayas… Pues bien, los casinos que llenan esta calle serían como fallas enormes de cartón piedra, pero que no se queman (unos cuantos millones de $ sí que se quemarán cada noche). Si no a los ejemplos me remito:

¿No son como fallas enormes? Yo es ver esas Esfinges, Estatuas de la Libertad, canales ce o Exxin Castillos como de cartón piedra y pensar -¿y esto cuando lo queman?- Si es que dan ganas de empezar a tirar  “masclets” y cosas así.

Pues bien estas “fallas” americanas, son unos complejos monstruosos, aglutinando hoteles con miles de habitaciones, casinos con miles de tragaperras y mesas de Black Jack, y centros comerciales donde te puedes comprar cosas con apellido francés o italiano, e incluso algo así como un NOKIA 3310 por $6.000, que te dicen –es que es de oro y brillantes-, sí, pero un puto 3310 de toda la vida, sin whatsapp ni nada…

¿Donde está el whatsapp?

Y aunque estos digamos fallas/casinos estén tematizados con el Antiguo Egipto, los canales de Venecia o el París de la Belle Epoque, una vez dentro de ellos te encuentras lo mismo:

  • Encontrar el camino de salida de ellos es más difícil que resolver un cubo de Rubick. No tienen señales de salida. No tienen ventanas. Los pasillos y escaleras parecen que se enrosquen en sí mismos. Intentado salir de ellos siempre tienes la sensación de “yo por aquí ya he pasado”. Sales de un casino y entras a otro casino distinto. O a otro centro comercial. O a otro bar con strippers. O a otro casino…
  • Nunca sabes si es de día o de noche. Por su falta de ventanas, luz natural y relojes, en los casinos nunca sabes cuánto tiempo llevas dentro gastándote el sueldo que tanto esfuerzo te ha costado ganar. No obstante, si eres observador, hay un método infalible para saber en qué franja horaria te encuentras: Si la mesa de Black Jack hay una señorita de buen ver y con escasa ropa haciendo de croupier, sin duda estás en lo mejor de la noche. De ahí a casarte con una Marilyn o con un Elvis, hay un paso. Si por el contrario el croupier es un señor que pinte canas ya próximo a la jubilación (probablemente el abuelo de la anterior croupier), entonces amigo mío, puedes estar seguro que el sol hace tiempo que carboniza las arenas del desierto de Nevada.
  • Degeneración humana. Y por esto me refiero a esos señores que se han quedado durmiendo apoyando sus mejillas en una tragaperra, los que se ponen colirio en los ojos para seguir jugando, los que están dándole a dos tragaperras a la vez… También están los que han visto la luz, o la oscuridad, vete tú a saber, y te gritan al oído que eres un jodido pecador y que vas a arder en las llamas del infierno, por los tiempos de los tiempos…

Señoritas que fuman. Algunas cosas no cambian.

  • Siempre hay un coche en juego. Una vez más el cine de Hollywood tiene la verdad absoluta.

Y lo más importante, la priva es cara. Porque que una birra te cueste 12 pavos, ya me dirás…

Ruzafa en Nevada.

¿Os acordáis que os comenté que Las Vegas tiene dos partes? Si la respuesta es no, tranquilos que todo es culpa del Gilipollas, que cuando se pone a escribir sandeces se desboca y se pierde por el proceloso camino de la creación literaria. Esto broma. Lo de literaria me refiero…

A lo que iba. La otra parte de Las Vegas, es realmente la ciudad de Las Vegas. El Strip acaba en la llamada torre Stratosphere y la en la Torre Trump, la cual para más señas es dorada. No podría ser de otro color. Allí empieza la ciudad de LV, pero con unos barrios superchungos, donde lo mejor es pasar en coche y sin parar demasiado. Aquí también se encuentran las Wedding Chapels, por si la noche se hubiese liado.

¿Te quieres casar?

Así llegamos al denominado Las Vegas Downtown. Llegamos a  Las Vegas de verdad. Las del Rat Pack y los mafiosos italianos. El pozo infecto donde surgió todo. En realidad es una calle llamada Freemont St, ahora peatonal, donde se amontonan los casinos polvorientos (al menos sus moquetas sí) de aquellos dorados años de Franky “ojitos azules”.

Pues bien, y volviendo a la teoría de cómo unir dos ciudades tan locas como Valencia y Las Vegas, si hemos demostrado que los casinos del Strip son una copia de las fallas, la calle Freemont no es más que calle rufassenca de Literato Azorín y sus millones de lucecitas.

1er premio de iluminación.

Si esto no os convence, todavía hay más ejemplos:

  • Conciertos de música en vivo, más o menos como las verbenas falleras pero sin el Despacito de los c…
  • Peña bebiendo en la calle. ¿Qué no hay más fallero que un buen botellón qué te asegure una buena resaca?
  • Restaurantes dónde comer hamburguesas con las que tabicar tu venas en colesterol. Igualito que las churrerías de aceite requemado que aromatizan nuestras queridas fiestas josefinas.
  • Chiquitas en bragas con las que hacerte una foto a cambio de unos dólares (creo que ahí acaba la transacción, ahí lo dejamos). Esto no se si pasará en fallas, al Gilipollas estas cosas ya le pillan mayor, pero si así fuera, tampoco le sorprendería.

¿Quieres una foto?

Bueno chavalada, no sé si el GPM os habrá convencido acerca de su teoría falleravegasiana. Seguramente no, y habréis obrado bien, creerme. Pero si de una cosa este humilde aprendiz a juntaletras está seguro, es que a Las Vegas (y esto si que es igual a nuestra amada geografía corrupta) no vages si no tens diners; veuràs moltes coses i no firaràs res!!

Un abrazo!!

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